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  • Un testamento vital para respetar los propios deseos

    El testamento vital, también conocido como instrucciones previas o documento de voluntades anticipadas tiene como origen el abogado de Chicago Louis Kutner que, desde 1967, defendió la necesidad de implantación de un modelo de documento para expresar la voluntad relativa a tratamientos médicos en casos de dolencia terminal.

    Inicialmente su repercusión e implantación fue escasa a causa de la ausencia de apoyo normativo. Sin embargo, en 1976, en Estados Unidos, el escenario cambió a raíz del conflicto entre unos padres y un centro asistencial por la retirada de ventilación mecánica a su hija Karen Quinlan, con daño cerebral irreversible. Después de esta polémica, se constituyeron por primera vez los comités de ética hospitalarios y el estado de California dictó la Natural Death Act, que legalizó los testamentos vitales y reconoció el derecho del paciente a rechazar un tratamiento para evitar prolongar la vida de manera artificial.

    A nivel europeo, la primera normativa que hace referencia al testamento vital es el convenio para la protección de los derechos humanos y la dignidad del ser humano en relación con las aplicaciones de la biología y la medicina, conocido como el convenio de Oviedo, de 1997. Fue ratificado por España y tiene vigencia desde el 1 de enero del año 2000. Como consecuencia, varias comunidades autónomas regularon individualmente sobre la materia.

    LEGISLACIÓN. Pero estas regulaciones se produjeron con la ausencia de una deliberación común que asegurara una ética de mínimos, obligando a la promulgación de una ley de carácter básico a nivel estatal que fijara unos mínimos. Así, la Ley 41/2002 supuso la base legislativa para el desarrollo de los documentos de voluntades anticipadas en España. El artículo 11 de la mencionada ley define este documento como “la manifestación anticipada de la voluntad de una persona mayor de edad, capaz y libre, a fin de que esta se cumpla en el momento en que llegue a situaciones en que no sea capaz de expresarse personalmente sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegada la muerte, sobre el destino de su cuerpo o de los órganos del mismo”.

    CUIDADOS. El cimiento ético del documento de voluntades anticipadas está basado en el respeto y la promoción de la autonomía del paciente y se tiene que entender como una muestra de interés y responsabilidad de los ciudadanos en las decisiones relativas a su salud. Implica el reconocimiento de los deseos y valores del paciente para influir en las decisiones futuras que lo afecten, asegurando el respeto por estos principios cuando la situación clínica no le permita manifestarlos.

    Su elaboración exige de competencia ética, es decir, la capacidad de poder reflexionar libre y responsablemente sobre cómo quiere ser tratado el ciudadano cuando se encuentre en el proceso de morir o bien en una situación de dolencia donde no pueda expresar su voluntad. Esta competencia ética se le presupone a toda persona, mientras no haya razones para dudar de ella.

    Desgraciadamente, a estas alturas, en nuestro contexto, y, a diferencia de lo que sucede en los países anglosajones, en general, la implantación del documento de voluntades anticipadas en España es muy baja, con una incidencia global de 4,52 por 1.000 habitantes, observándose una implantación creciente a medida que aumenta la edad. En cuanto al uso, se señala que únicamente un porcentaje mínimo de la población ha formalizado un documento de voluntades anticipadas, a pesar de que casi la mitad de la población dice haber sentido hablar de él.

    Una mayor atención a los problemas psicosociales y emocionales es importante para la calidad de los cuidados a finales de la vida, y esto incluye la información sobre el documento de voluntades anticipadas. Sería, por lo tanto, de gran utilidad aumentar la información al respecto, fundamentalmente, pero no de manera exclusiva, en el ámbito de la medicina primaria. También se constata la necesidad de una mayor implicación de los profesionales asistenciales en la ayuda a la planificación anticipada de la atención y la elaboración del documento de voluntades anticipadas.

    INSTRUCCIONES. En cuanto al contenido del documento, como es lógico, no se pueden incluir en el documento de voluntades anticipadas deseos que sean contrarios al ordenamiento jurídico, tampoco aquellos que no se ajusten a la buena práctica clínica (lex artis) ni los que no se correspondan exactamente con el supuesto hecho que se hubiera previsto al otorgarlos.

    Finalmente, es importante saber que en cualquier momento se puede revocar o modificar el documento de voluntades anticipadas. Si lo entendemos como las instrucciones que da el ciudadano/paciente a su médico o equipo asistencial, en las que hace constar qué tipo de atención médica desea recibir a finales de la vida y donde puede designar la persona que le representará en caso de que no pueda expresar las decisiones que lo afecten, los aspectos que tiene que reflejar el documento son: valores personales para ayudar a orientar los médicos en el momento de tomar decisiones clínicas, instrucciones sobre los cuidados y tratamientos que se quieren o no se quieren tener, la decisión sobre la donación de órganos o del cuerpo y el nombramiento de su representante que actuará como interlocutor del equipo asistencial. Así, sería conveniente que en la elaboración del documento colaborara el médico de referencia del paciente u otros profesionales de la salud.
     

    Dr. Josep Arimany-Manso Médico especialista en Medicina Legal y Forense Presidente de la Societat Catalana de Medicina Legal.